lunes, 15 de septiembre de 2014

En acción de Gracias y en alto y en flor



Hoy hemos asistido a una fiesta de acción de Gracias que quieren resumir el acompañamiento de Fructuoso y José Manuel a muchos de los que caminamos en el camino de la fe. Una agradecimiento a Dios, a la comunidad y a los que han confiado en ellos como responsables de la Diócesis, don Mauro, don Braulio y don Carlos. Comienza una etapa nueva en el camino de esta comunidad, que ha querido ser y aspira como horizonte a ser una comunidad viva, fiel y misionara. Un día de Acción de Gracias y gran júbilo, por dos amigos que con voz profética han dejado una gran herencia. Un abrazo, José Manuel y Fructuoso.





Aquí están sus palabras:

En acción de Gracias y en alto y en flor
Durante cuarenta años largos nos hemos acompañados unos a otros en el camino de la fe, hemos crecido juntos en el amor cristiano, hemos disfrutado del gozo de los dones de Dios y hemos cantado juntos la esperanza del Reino.
                                           Nos confesamos muy afortunados
Ahora, al llegar la hora de nuestro relevo, nos sentimos agraciados por Dios y por vosotros y por eso nos confesamos agradecidos, a Dios como autor de lo que entre todos traemos entre manos y a vosotros que habéis respondido siempre con una presencia fiel y un amor de mil modos declarado.
                                         Nos confesamos muy afortunados
Tenéis la gracia de Dios de poder seguir el mismo camino en una etapa nueva, sin duda con otras voces y otros modos, pero estamos seguros de que seguiréis creciendo en todo, manteniendo el ritmo y el compromiso y sobre todo os pedimos que en los pasos que vienen pongáis vuestra parte para hacer posible una parroquia viva, fiel y misionera
                                           Nos sentimos tranquilos.
Y el deseo de que siempre, cada día, viváis y llevéis vuestra fe en alto y en flor.


Habla, Señor
I Reyes 8, 55-61
En aquellos días, el rey Salomón,  puesto de pie, bendijo en voz alta a toda la asamblea de Israel, diciendo: «¡Bendito sea el Señor, que ha dado a su pueblo el descanso, conforme a todo lo que había dicho! No ha caído por tierra ninguna de las promesas que él hizo por medio de tu servidor Moisés.
¡Que el Señor, nuestro Dios, esté con nosotros como lo estuvo con nuestros padres, que no nos abandone ni nos rechace! ¡Que incline nuestro corazón hacia él, para que vayamos por todos sus caminos y observemos sus mandamientos, sus preceptos y sus leyes, que él dio a nuestros padres! Que estas súplicas que yo he pronunciado en presencia del Señor, nuestro Dios, estén presentes ante él día y noche, para que haga justicia a su servidor y a su pueblo Israel, según la necesidad de cada día. Así sabrán todos los pueblos de la tierra que el Señor es Dios, y no hay otro.
Sed leales con el Señor, siguiendo sus órdenes y cumpliendo sus mandatos, como la habéis  hecho hasta hoy.
I Corintios 1, 3-9
Hermanos: la gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre y del Señor Jesucristo sean con vosotros. En mi Acción de Gracias a Dios os tengo siempre presentes, por la gracia que Dios os ha dado en Cristo Jesús. Pues por él habéis sido enriquecidos en todo: en el hablar y en el saber; porque en vosotros se ha probado el testimonio de Cristo.
De hecho, no carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan qué acusaros en el tribunal de Jesucristo.
Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, y ¡Él es fiel!

Mateo 5, 1 – 10
En aquel tiempo, al ver a la gente, Jesús subió a la montaña, se sentó y se acercaron sus discípulos. Entonces comenzó a enseñares con estas palabras:
-          Feliz el que sabe que Dios es su riqueza, porque ha descubierto lo mejor del mundo.
-          Feliz el que vive la vida con fortaleza, porque un día lo tendrá todo.
-          Feliz el que desea con ansia otra cosa, porque un día verá cumplida su esperanza.
-          Feliz el que tiene ansia y sed de salvación, porque comerá y beberá en la mesa del Rey.
-          Feliz el que tiene un corazón grande, porque el Padre le abrirá su casa de par en par.
-          Feliz el que vive sin mal y sin mentira, porque podrá  ver la sonrisa de Dios.
-          Feliz el que trabaja y vive por la paz, porque Dios misma trabaja con él.
-          Feliz el que es fiel a este camino, porque alcanzará la corona de la vida

 

PARA
La ORACIÓN
Y la VIDA

En tantos años se nos ha llenado
el alma de nombres y rostros,
son nuestra mejor riqueza
y nos los llevamos con nosotros.
Los rostros y nombres de quienes
se nos adelantaron, a veces con
oportunidad, otras a destiempo,
y nos llevaron la delantera
hacia la casa del Padre.
Y los rostros y nombres  de quienes
se nos fueron y tomaron
otros caminos fuera de la fe;
nos duelen, estamos a su favor
y no los olvidamos.
A todos no los llevamos
en el mismo abrazo
 







PRÓXIMO DOMINGO, DÍA 21,
FIESTA DE ENTRADA
Y DE ACOGIDA

Nos invitamos todos a la Fiesta de la
Eucaristía en la que nuestro obispo
encomendará el servicio
de esta parroquia
a Don Antonio Matilla
y a Don Policarpo Díaz,
Antonio y Poli para todos.
Será el próximo domingo,
Día 21,
también a las 12, 30
y suprimiendo las demás eucaristías.

Y TODOS SOMOS INVITADOS




El camino sigue….

El día es importante para cuantos vivimos la fe en esta comunidad de la Purísima, sobre todo para los sacerdotes que llegan y que nos van a acompañar desde hoy en cada paso de la fe: en el anuncio del evangelio, en la caridad fraterna, en la comunión con la Iglesia, en la experiencia de catequesis y de encuentro, en todo…

Junto a ellos el camino de la comunidad sigue y sigue adelante, en nuevos tiempos y con nuevos pasos. ¡A disfrutarlo todos!
















Salmo de la Transfiguración (Gerardo Diego)
[versión completa,
Segunda Antología de sus Versos (1941-1967), poema nº 73,
recogido del libro Versos Divinos]

Transfigúrame.
Señor, transfigúrame.
Traspáseme tu rayo rosa y blanco.
Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla
en tu más alta catedral.

Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de Ti en tu gloria traspasado.
Quiero poder mirarte sin cegarme,
convertirme en tu luz, tu fuego altísimo
que arde de Ti y no quema ni consume.

Oh mi Jesús alzado sobre el trío
-Pedro, Juan y Santiago-
que cerraban sus ojos incapaces
de sostener tu Luz, tu Luz, tu Luz.
Y no cerrar mis párpados
como ellos los cerraban
con tu llaga de luz sustituyéndote
en inconsútil túnica incesante,
y dentro Tú manando faz de Dios.

No, déjame mirarte, contemplarte
a través de mi carne y mi figura,
de historia de mi vida y de mi sueño,
inédito capítulo en tu Biblia,
vidriera que en colores me fraccionas
para unirme después en tu luz blanca
al otro lado de tu barlovento.
Si he de transfigurarme hasta tu esencia,
menester fue primero ser ese ser con límites,
hecho vicisitud camino de figura,
pues solo la figura
puede transfigurarse.

Toma mis rombos, lava mis losanges,
mis curvas de pecado
justifícamelas, compensa y recompensa
mis áreas caprichosas de colores de furia,
mi cristal emplomado y tan frágil,
émulo de tus Ángeles traslúcidos,
mi fábula de niño, tu parábola
que esperaba de siempre tu visita de sol.
Pues figura me hiciste y me parezco
a mí mismo en mi vitral naturaleza,
oh mi Hermano en María, transfigúrame.

Pero a mí solo no. Como a los tuyos,
como a Moisés, fuego blanco de zarza,
como a Elías, carro de ardiente aluminio,
cada uno en su tienda, a ti acampados,
purifícame también a todos,
los hijos de tu padre,
que te rezan conmigo o te rezaron
o acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el padrenuestro.
Purifícame a todos, a todos transfigúralos.

Figúralos primero si aún no alcanzan
ese grado en contornos
y tonos apagados de tapices.
Figúralos, Cristo Jesús, aún no son ellos
y por ser ellos claman, pían,
huérfanos pajarillos.
Y luego, ya trazados, ya cumplidos
en su tránsito pávido de hombres,
hiérelos, acribíllalos,
hazlos flecos de Ti, rayos no ajenos,
ellos siempre aunque en Ti glorificados.

Miro en torno de mí,
no, debajo de mí, en las galerías
los gusanos de luz, casco y piqueta
que afloran luego al aire puro
mas ya de noche, negros de carbones.
Hazlos diamantes Tú, como a esos astros.

Si acaso no te saben, o te dudan,
o te blasfeman, límpiales piadoso
como a ti la Verónica, su frente,
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, y te conozcan,
espéjate en su río subterráneo,
dibújate en su alma
sin quitarles la santa libertad
de ser uno por uno tan suyos, tan distintos.

Mira, Jesús, a la adúltera, no aquélla
de tus palabras con el dedo en tierra,
ésta de hoy aún es más desdichada
y no piedras la arrojan sino aplausos y flores,
y la niega el esposo y vive de ella.
Hazla también mirarse en aguas vivas
y cumplirse en sí misma,
de su virtualidad ascender a virtud,
realidad de figura bañada en paz de gracia,
dispuesta a un recrear transverberado.

Y al violento homicida
y al mal ladrón y al rebelde soberbio
y a la horrenda –¡piedad! – madre desnaturada
y al teólogo necio que pretende
apresarte en su malla farisea
y al avaro de oídos tupidos y tapiados
y al sacrificador de rebaños humanos.

Y, sobre todo, no abandones
al más abyecto, al repugnante
-perdón ahora para mí, no puedo
remediarlo, pero por él te pido-
al desagradecido.
Nada me imprime más horror, Dios mío.
Sálvale Tú, despiértale
la confianza, alegría incomparable
de llorar recordando el beneficio
del amigo en que Tú, sí, te escondías.
Allégatele bien, que sienta
su corazón cobarde contra el tuyo
coincidentes los dos en solo un ritmo,
un ritmo y del envés ya a flor de flor,
su figura, su rostro limpidísimo.

Que todos puedan en la misma nube,
vestidura de ti, tan sutilísima
fimbria de luz, despojarse y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí con ellos todos, te lo pido,
la frente prosternada hasta hundirla en el polvo,
a mí también, el último, Señor,
preserva mi figura, transfigúrame.