sábado, 9 de agosto de 2014

La importancia del amor










Aquí estamos sin terminar la peregrinación prendido en Estambul, esa ciudad de contrastes que nos ha seducido. Sabiendo que José Manuel está operado, siguiendo las curas, nos llegan noticias que está bien,  a la espera de rehabilitación. Queremos hacer un paréntesis. Y hacer un subrayado de José Manuel, a pesar de su dolencia en el “pie izquierdo” y su empeoramiento, supo acompañarnos con la misma intensidad y ánimo para que no perdiéramos la tensión de la peregrinación. Apreciamos su insistencia y subrayado con una voz profética, en cada uno de los lugares de la peregrinación, queriendo hacer un legado de su fe y de su experiencia en este camino, después de muchos años de grupos me Biblia y de sus trece viajes. Toda su experiencia de fe, la hemos experimentado en los otros tres viajes que le he acompañado, pero en este ha querido ser una síntesis de esa experiencia vivida después de tantos años, que me ha llegado en profundidad, como un legado de toda una vida.

A pesar de que se cruzó Troya por medio, no podemos dejar de hacer mención del talón de Aquiles, que en nuestra naturaleza humana es ese tendón que pasa por detrás del tobillo y es el más grueso y fuerte del cuerpo. Mide unos 15 cm de largo y empieza cerca de la mitad de la pierna, pero recibe fibras musculares sobre su superficie anterior casi hasta su extremo. Pero los que andamos en esto de la historia y la filosofía nos vamos a la mitología y la leyenda del héroe de Troya. Muy cerca de Troya estuvimos en el viaje de estudios- peregrinación. Recordemos la leyenda.

Aquiles fue fruto de la unión de Tetis, una ninfa del mar, y de Peleo, rey de los mirmidones de Tesalia. Cuando era apenas un bebé, Aquiles fue sumergido por su madre en las aguas del Estigia, un legendario río, que constituía el límite entre la tierra y el mundo de los muertos, quienes, supuestamente, cruzaban sus aguas en barca para acceder al Hades (inframundo de los difuntos). Según la leyenda, el Estigia tenía el poder de convertir en inmortal a todo aquel que se bañaba en sus aguas. Tetis quiso aprovechar las propiedades sobrenaturales del río para hacer a su hijo invulnerable a las heridas y enfermedades letales y detener el paso del tiempo. Pero Tetis cometió un error. Al sumergir al pequeño Aquiles en aquellas aguas milagrosas, lo hizo sujetando al bebé por una pierna. Así, aquellas aguas convirtieron en invulnerables todas las partes del cuerpo de Aquiles excepto su talón, parte por la cual su madre le mantenía asido. Aquiles creció y se convirtió en un gran héroe y en uno de los mejores y más valientes guerreros de todos los tiempos. Participó en importantes batallas y en la Guerra de Troya como aliado de los griegos.

Aunque la leyenda se remonta al origen de los tiempos, estas historias que contaba Homero, eran una auténtica búsqueda de la virtud. La areté es la perfección o excelencia, el sentido heroico de la vida, donde la fuerza en el combate no está separado de la espiritualidad, de la virtud, del deber, elementos que tenían que configurar al hombre perfecto. La areté sería lo específico del hombre en su realización, así Socrates y Platón lo relacionaron con el alma humana. Ésta tenía que alcanzar el bien y la belleza como orden, a través de la reflexión y el conocimiento.

Qué nos enseña el poema de Homero, que los países no pueden gobernar por el capricho de un tirano, sino por el acuerdo y el respeto de todos los hombres. Cerca hay muchos países en guerra, Siria, ahora Palestina y la franja de Gaza, Irak, Somalia, Sudán, Ucrania… ¡Cuántas Troyas, Dios mío!
A mí personalmente, lo que más me gusta de la Iliada, es que pinta el mundo como si lo viera por primera vez, con los brazos abiertos de un lado para el otro, llorando de amor, preguntándose dónde está el creador  que compuso las maravillas del mundo y de nuestra existencia. Es la voz de los poetas, que nos abren un mundo que nos transciende, que va más allá de nuestra existencia, que nos desvela la auténtica realidad y nos pone frente a la verdad.

No sé si lo expreso bien, pero así me he sentido yo en los cuatro viajes que he realizado con José Manuel. Como si fuera una voz poética, yo diría una voz profética, nos ha ido desvelando el sentido de ser Cristiano. La finalidad última apunta hacia Dios, que es el objeto y sentido de todo, pero desde el centro de la historia, y sin salirse de ella, en la vida, muerte y resurrección de Jesús de Nazaret. Todos somos testigos, de sus profundos conocimientos de los textos Bíblicos, pero sus argumentaciones  y su interpretación del evangelio, de la Buena Noticia, hunden sus raíces en una honda comprensión de la naturaleza humana, así como de los problemas y las angustias del hombre moderno. Es un soplo de aire muy fresco, que yo personalmente necesito cada día. Y de este aire fresco he disfrutado en la Parroquia de la Purísima durante más de treinta años.

Pero veo muchas diferencias, a pesar de la frescura en la voz poética de Homero y nuestro camino Cristiano. Es cierto que también nosotros nos sumergimos en agua, pero no para alcanzar la inmortalidad, ni tampoco para evitar el sufrimiento de la existencia. También, fue decisión también de nuestros padres, pero sobre todo se trata de una iniciativa de Dios, totalmente gratuita; recordemos el bautismo en el Espíritu de los discípulos reunidos en Pentecostés.



Entrar en el agua, es entrar en el mundo de la promesa de Dios, es hacerse heredero de Abraham y coheredero de Jesús, el Mesías. Formamos parte de la Historia de la Salvación, formamos parte de la intimidad de Dios, y por lo tanto su intimidad se expresa como amor y como vida. No sólo nos da la vida plena, sino se nos da así mismo. Es cierto, nos morimos, sufrimos, llegará un día que nuestro cuerpo no dé más de sí, incluso nuestra mente o espíritu no cruzará el límite de la existencia física. Pero estamos preñados de vida, nuestra existencia trascenderá la muerte y Dios nos realizará en plenitud, en cuerpo y mente, en cuerpo y espíritu. Pablo, lo llamó un “cuerpo neumático”, otros prefieren llamarle un hombre nuevo, el cuerpo íntegro, vigorizado y animado por el Espíritu Santo. Lo cierto, es que Dios supera infinitamente todo cuanto la imaginación de la criatura puede figurarse, en la muerte entramos en el ámbito de Dios, fuera de las dimensiones espacio - temporales. Esto ya sucedió en Jesús, que marchó al Padre. En su Ascensión, iremos nosotros, nos tomará por las muñecas para ascendernos y  sucederá en nosotros una transfiguración en nuestro cuerpo, alma, mente, existencia, para alcanzar esa realidad plena de vida junto al Padre. He dado muchos rodeos para resumirlo todo en una palabra, resurrección, aunque todavía es mucho más.
Equipo de camilleros, foto de Puerto

No sé lo que se conservará de nuestra existencia terrena, puede ser que lo que hemos amado. Como no recordar a nuestro querido Pablo, en su conocido himno a la caridad El amor no pasa jamás. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial nuestra profecía. '"Cuando venga lo completo desaparecerá lo parcial. …"Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé las cosas de niño. "Ahora miramos reflejos desconcertantes en un espejo, pero entonces veremos cara a cara. En el tiempo presente conozco parcialmente, pero entonces conoceré como soy conocido. Ahora subsisten la fe, la esperanza y el amor, estas tres; pero la mayor de ellas es el amor.” (Cor. 13, 8-13)


Benedicto XVI, nos recordaba que la caridad y el amor es el distintivo del cristiano. Es la síntesis de toda su vida: de lo que cree y de lo que hace.  El amor es la esencia del mismo Dios, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre. Al mismo tiempo, el amor es, por así decir, el “estilo” de Dios y del creyente, es el comportamiento de quien, respondiendo al amor de Dios, plantea su propia vida como don de sí mismo a Dios y al prójimo.




Bueno, me he desviado mucho. Pero así empezaba el libro del peregrino:
“Nos urge y nos apremia
el amor de Cristo,
al pensar que
Él dio su vida por todos.”
II Corintios 5, 14
El libro que José Manuel realizó, no sólo con su inteligencia, sino con su corazón y sobre todo con la fe que ha ido amasando todos estos años como creyente y servidor de la palabra.
En un poema de Antonio Machado, al final
Importa caminar juntos
unidos en el amor,
rompiendo todo egoísmo
que cierre tu corazón


Recordamos aquel texto de Pablo:
Que vuestro amor no sea una farsa; detestad lo malo y abrazaos a lo bueno. Amaos de verdad unos a otros como hermanos y rivalizad en la mutua estima. No seáis perezosos para el esfuerzo; manteneos fervientes en el espíritu y prontos para el servicio del Señor. Vivid alegres por la esperanza, sed pacientes en la tribulación y perseverantes en la oración.”
(Romanos 12, 3-12)

El cuarto día, José Manuel nos puso este texto en memoria de los monjes y cristianos fieles
¡Os sedujo el amor, el vivir austero!
Vosotros, que seguisteis su camino,
guiadnos por los senderos ciertos
que hacen del amar amor divino.
En la ambientación del sexto día:
Estamos en la región central de Turquía. Muy cerca de Iconio, están Derbe y Listra. Nos dirigimos a Antioquía de Pisidia, y luego a Colosas, Laodicea y Hierápolis. Son nombres que evocan las idas y venidas de Pablo, como misionero itinerante. Su pasión por Jesús no le dejaba parar. En una de sus cartas él mismo explica: es que “me urge y me apremia el amor de Cristo, al pensar que Él ha dado su vida por todos”. Por hacer llegar a todos esta Buena Noticia, Pablo no escatimó ningún esfuerzo.

Y también este poema
Pablo, pasión y fuego
¡Pasión, siempre pasión, ardiente llama!
Saulo perseguidor, Pablo cautivo,
terco, capaz, sobrado, fuerte, vivo,
fervor inabarcable del que ama.
Ojo abierto es tu ojo sin escama,
extenso corazón, fuerte latido
sintonizado a Dios, verbo agresivo,
mensajero, impulsor, grito que clama.
Tuyo es el triunfo de haber sido primero
en la carrera de fe; tú nos dejaste
ejemplo de una entrega por entero.
En amor encendido el mar cruzaste
llevando el Evangelio; verdadero
apóstol de ese Cristo que encontraste.
L. Fernández Vaquero

En la palabra del día décimo
“¿Quién eres, tú, pobre ser humano, para pedirle cuentas a Dios? ¿Es que un vaso de arcilla puede interpelar al que lo modeló? ¿O es que el alfarero no puede hacer del mismo barro tanto un vaso de lujo como uno corriente? Así es Dios: Él manifiesta las riquezas de su gloria y sabiduría en los que hizo objeto de su amor y de antemano preparó para esta gloria. Entre ellos estamos nosotros, a quienes ha llamado no sólo de entre los judíos, sino también de entre los paganos…
¡Oh profundidad de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Qué insondables son sus decisiones e inescrutables sus caminos! Porque, ¿quién conoce el pensamiento de Dios? ¿quién ha sido su consejero? ¿quién le ha prestado algo para pedirle que se lo devuelva? De Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él la gloria por siempre. Amén.” 

(Romanos 9, 20-24; 11, 33-36)
El día once, nos puso este himno
Hoy que sé que mi vida es un desierto,
en el que nunca nacerá una flor,
vengo a pedirte, Cristo jardinero,
por el desierto de mi corazón.
Para que nunca la amargura sea
en mi vida más fuerte que el amor,
pon, Señor, una fuente de alegría
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca ahoguen los fracasos
mis ansias de seguir siempre tu voz,
pon, Señor, una fuente de esperanza
en el desierto de mi corazón.
Para que nunca busque recompensa
al dar mi mano o al pedir perdón,
pon, Señor, una fuente de amor puro
en el desierto de mi corazón.
Para que no me busque a mí cuando te busco
y no sea egoísta mi oración,
pon tu Cuerpo, Señor, y tu Palabra
en el desierto de mi corazón
J.L. Martín Descalzo


El último día, subrayo este otro himno
Somos el pueblo de la Pascua,
alleluya es nuestra canción,
Cristo nos trae la alegría.
¡Levantemos el corazón!
El Señor ha vencido al mundo,
muerto en la cruz por nuestro amor,
resucitado de la muerte
y de la muerte vencedor.
Él ha venido a hacernos libres
con libertad de hijos de Dios,
él desata nuestras cadenas
¡Alegraos en el Señor!
Sin conocerle muchos siguen
rutas de desesperación,
no han escuchado la noticia
de Jesucristo Redentor.
Misioneros de la alegría,
de la esperanza y del amor,
mensajeros del Evangelio,
¡somos testigos del Señor!
Bernardo Velado





Del mismo día, estas palabras al final

Después de abrazarme a Ti, mi Dios,
ya no me desacostumbro de mirarte.
Te tengo un amor tan ancho y desvalido
que sin él parece que no existo,
necesitado de Ti y admirado de ese amor tuyo,
que no me necesita para nada.
Por eso, mi Dios, he tirado mis dioses a la calle
y vivo en tus brazos una vida libre y rescatada.
Y cada mañana se me viene encima
un alud de vida y esperanza.
Quiero estar en la hermosa incertidumbre
de vivirte y esperarte.
Me envuelvo cada mañana en tu Alianza
y quiero darte, mi Dios,
una respuesta fiel y de por vida.

En Antioquía
“Lo que hasta entonces había considerado como una ganancia empecé a considerarlo como pérdida por amor a Cristo. Es más, ahora pienso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él he sacrificado todas las cosas y todo lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo.”
(Flp 3,7-9)

En la Eucaristía en la Catedral, recordando a San Andrés
¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿La tribulación, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada? Dice la Escritura: Por tu causa estamos expuestos a la muerte todo el día, somos como ovejas destinadas al matadero. Pero en todas estas cosas salimos triunfadores por medio de aquel que nos amó.
Porque yo estoy persuadido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni otras fuerzas sobrenaturales, ni las cosas presentes ni las futuras, ni los poderes de cualquier clase, ni lo de arriba ni lo de abajo, en una palabra, nada ni nadie podrá separarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.” (Romanos 8,31-39) 


“Nada me separará del amor de Dios…”
Nada me separará del amor de Dios,
que me ha mostrado en Jesucristo;
nada me separará jamás del amor de Dios,
que me ha mostrado en ti, Jesús.
Si Dios camina con nosotros,
¿quién va a estar en contra nuestra,
quién nos podrá acusar?
Si Dios no nos negó a su Hijo
y lo entregó por causa nuestra,
¿qué nos podrá negar?
¿Quién podrá acusar a aquellos
que Dios mismo ha elegido, si Él los justificó?
Él, sentado a la diestra de Dios Padre,
sólo Cristo es nuestro intercesor.
Por eso, cierto estoy que ni la muerte, ni la vida,
ni ángel alguno, ni principado, ni lo presente,
ni lo futuro, ni el sufrimiento, ni la angustia,
ni el hambre, ni el peligro, ni la espada,
ni la muerte, ni la persecución
podrán separarnos de su amor.
Nada me separará del amor de Dios,
que me ha mostrado en Jesucristo;
nada me separará jamás del amor de Dios,
que me ha mostrado en ti, Jesús.
Martín Valverde


Finalmente
Y ahora…
Dios y tú
Sólo Dios da la vida,
pero tú puedes defenderla y entregarla.
Sólo Dios puede dar la fe,
pero tú puedes dar testimonio.
Sólo Dios puede dar la esperanza,
pero tú puedes devolverla a los que la perdieron.
Sólo Dios puede dar el amor,
pero tú puedes amar a los hermanos.
Sólo Dios puede dar la paz,
pero tú puedes sembrarla a tu alrededor.
Sólo Dios puede dar la fuerza,
pero tú puedes animar también.
Sólo Dios es el Camino,
pero tú puedes enseñárselo a otros.
Sólo Dios es la luz,
pero tú puedes ponerla en alto
para que todos la vean.
Sólo Dios puede hacer lo imposible,
pero tú puedes hacer lo posible.
Sólo Dios se basta a sí mismo,
pero prefiere contar contigo.
(José Luis Martín Descalzo)


“Estad alegres,
buscad la perfección,
dejaos guiar,
tened un mismo sentir,
vivid en paz.”
II Corintios 13, 11

Te queremos José Manuel