miércoles, 18 de mayo de 2016

La libertad y las redes sociales




 
Juan Antonio Mateos Pérez
La persona misma se positiviza en cosa, que es cuantificable, mensurable y controlable. Sin embargo, ninguna cosa  es libre. Sin duda alguna, la cosa es más transparente que la persona. El Big Data anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre.
Byung-Chul Han, Psicopolítica

Las redes están que arden con la campaña política que se acerca, se oponen de forma rotunda la publicidad electoral, se proponen a personas sin recursos para las mesas, sobre todo que se recorte el gasto. El uso de las redes sociales fueron decisivas para movimientos como el 15 M, pero han tardado en movilizar el movimiento de Nuit Debout (noche en pie)  en Francia. Ahora están preparando un movimiento global para el 15 de mayo en todo el tablero europeo, esto puede favorecer a los partidos que han sacado ventaja en situaciones de movilización social.
Se aprecia ya un cierto cansancio político en nuestra “sociedad del trabajo y del rendimiento”, este uso cada vez mayor de las redes sociales parece que va tejiendo una membrana impermeable en el individuo que lo va aislando del entorno y lo que predomina es el “enjambre digital”. Toda una serie de individuos aislados que carece de un nosotros, es la nueva masa que interactúa en nuestra sociedad, pero los dominan la sociedad neoliberal saben que carecen de una acción común, de una sola voz que puede constituir un verdadero contrapoder que pudiera cuestionar de forma profunda el poder establecido. Sólo se percibe ruido, un hablar sin coherencia que no permite el auténtico silencio para reflexionar en profundidad.
No podemos por menos que recurrir nuevamente al filósofo coreano Byung-Chul Han, pensador que ha realizado toda carrera académica en Alemania en diálogo con importantes pensadores como Heidegger, Marx, Foucault, Agamben, Stiegler, Deleuze, Baudrillard y Benjamin. Ha escrito importantes obras se han traducido al castellano como La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia, La agonía del Eros, En el enjambre y Psicopolítica. En esta última nos presenta al individuo propio de la sociedad del neoliberalismo, donde se cree liberado de todo tipo de coacciones externas, pero se somete a coacciones internas y coacciones propias en forma de una coacción de rendimiento y optimización. El poder del explotador se traslada al propio sujeto, el sujeto que se cree libre es un auténtico esclavo, la única realidad libre es el capital que explota la libertad del individuo. El capital como decía W. Benjamin es la nueva religión, el nuevo Dios, un culto que no libera sino que culpabiliza al individuo.

Las redes sociales que se nos presentan como la libertad y comunicación ilimitadas como proponía Microsoft, se convierten en una forma de control y vigilancia. Las grandes multinacionales de las redes sociales (Facebook, Google, Twitter, etc) trabajan manejando nuestra información y nuestros datos, como si fueran servicios secretos para extraer beneficios de nuestros comportamientos en ellas. Hoy nos estamos dirigiendo hacia una psicopolítica digital que controla a los individuos desde dentro, desde su propio ser.
La política neoliberal busca formas refinadas de explotación, seminarios y talleres de management, jornadas de coaching empresarial, liderazgo, etc., el objetivo es conseguir una producción ilimitada. Esta dinámica de autoexploración genera enfermedades como la depresión y ansiedad, haciendo culpable al individuo no al sistema. Es una forma silenciosa de ajuste interior del individuo, sustituyendo la libertad por la libre elección y consigue implantar una dependencia tecnológica por medio del placer. El primer síntoma de lo que Han denomina el síndrome de burnout o agotamiento es la euforia. Eso hace que el individuo se vuelque en el trabajo hasta quedar rendido.
En esta sociedad, se reclama transparencia en nombre de la libertad de comunicación, pero es en realidad un dispositivo neoliberal. Esto empobrece porque a través de la comunicación y la información se impone un lenguaje carente de misterio y ambigüedad perdiendo su relevancia cultural como elemento de vida. En palabras de Han, estamos ante una sociedad pornográfica, una tiranía de lo luminoso y la visibilidad, al estar todo al descubierto, lo no visible se vuelve sospechoso. La transparencia que hoy se exige a los políticos es todo menos una reivindicación política, no se exige transparencia sobre los procesos políticos de decisión, solo al consumidor interesan como objeto de escándalo. Esto no es la reivindicación de un ciudadano, sino de un espectador pasivo. Se funda una democracia de espectadores pasivos produciendo la pérdida de lo político, una masa de individuos aislados, se va constituyendo un espacio público digitalizado y con un discurso tremendamente empobrecido.
La tesis de Han, es que hoy no se consumen objetos, lo que realmente consumimos son emociones, un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades, el vehículo perfecto para su control son las nuevas tecnologías. La inmensa cantidad de datos que se manejan en los servidores, lo que el pensador llama Big Data hacen que el futuro sea algo predecible y controlable, ciego ante el acontecimiento. Esta herramienta permite hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas, sobre sus tendencias políticas y de consumo y permite reducirlas a un nivel prerreflexivo, dando lugar a un fuerte idiotismo. Es una forma de control y vigilancia total de los individuos en nuestras sociedades globalizadas y que está suponiendo una auténtica crisis de la libertad.

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