sábado, 14 de febrero de 2015

Primero sea el pan, después la libertad





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Juan Antonio Mateos Pérez  
SalamancaRTV al Día

La semana pasada, Manos Unidas ha presentado su campaña contra la pobreza, “Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?”, intentando abrir caminos de lucha dentro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.  Sus esfuerzos van dirigidos a denunciar las causas de la pobreza y la puesta en marcha de acciones concretas para acabar con ella, dentro de un modelo de sociedad que no excluya a los más desfavorecidos.  
Namibia © Vincent Lemonde
Ser pobre no sólo es la falta de ingresos, es mucho más. La pobreza supone una menor esperanza de vida y de morir de enfermedades prevenibles, una mayor tasa de mortalidad infantil, falta de acceso a un trabajo digno, a la educación, carecer de una vivienda adecuada.  También, significa mayor vulnerabilidad al delito y la violencia, acceso inadecuado a la justicia y los tribunales, así como la exclusión del proceso político y de la vida de la comunidad. Uno de cada cinco habitantes del mundo vive en una situación de pobreza, cerca de 1200 millones de pobres viven con menos de 1,25 dólares al día. Dentro de todas estas carencias, está el hambre de buena parte de la población mundial, según estimaciones de la FAO, en el periodo 2012 – 2014, se calcula que unos 805 millones de personas están crónicamente subalimentadas. Es cierto, parece que se ha reducido el hambre, pero todavía son muchos los países, sobre todo de África, que los niveles del hambre son tremendamente alarmantes. Millones de personas en numerosos países están afrontando una crisis alimentaria causada por una verdadera tormenta compuesta de sequía severa, volatilidad de los precios alimentarios y conflictos bélicos interminables. Además, el problema del hambre, está exacerbado en numerosas regiones y países, por la vulnerabilidad de personas y comunidades.
Es necesaria una lucha seria para erradicar definitivamente la pobreza, denunciar las injusticias y las desigualdades. Pero, sobre todo, es necesario una concienciación no sólo ciudadana, sino de las instituciones del Estado, internacionales, financieras, culturales, sociales, etc., para que se abran a un diálogo sobre este problema que es doloroso y vergonzoso. Un diálogo, no sólo para buscar las causas, sino para buscar soluciones que ayuden a erradicar esta lacra definitivamente de nuestro entorno.
Dentro del pensamiento, sobre todo desde la filosofía política se han buscado soluciones al menos desde el marco teórico. Ahí está la debatida propuesta de John Rawls, donde subraya la justicia como equidad, por lo que los principios más razonables de la justicia son aquellos que serían objeto de acuerdo mutuo entre personas. Las desigualdades no son deseables, Rawls pone el acento en las distribuciones justas e igualdad de oportunidades y la necesidad de hacer compatibles la libertad e igualdad. Amartya Sen, habla más de igualdad de capacidades, la pobreza no reside en la distribución y redistribución de la riqueza, sino en proporcionar una igualdad inicial de desarrollo de capacidades que permita los funcionamientos concretos para que las personas tengan mejores oportunidades y así convertir sus derechos en libertades reales. Martha Nussbaum, desarrolla la igualdad de capacidades de Amartya Sen, pero afirma que la pobreza también está relacionada con las desigualdades de género, cuando ambas se combinan, se produce una aguda carencia de capacidades humanas, lo que conlleva a más pobreza. Para Thomas Pogge, la teoría filosófica de la pobreza tiene que ser una teoría normativa acerca de la justicia global, pues una pobreza extrema vuelve a las personas vulnerables y frágiles. Pogge, pone su acento en la en el diseño y la reforma de la estructura institucional global y de gobiernos e instituciones de los países en desarrollo implicados también en la pobreza. Pretende un concepto de justicia básico que sea plausible y aceptado internacionalmente, el fundamento ético se encontraría en la autonomía del otro como un ser valioso y la concreción este principio en los derechos morales. La pobreza extrema la considera como una violación de los derechos humanos y un delito del que son responsables la mayor parte de los países desarrollados.
Antena Misionera
Tal vez, sea necesario fundamentar los derechos desde las necesidades básicas, ya que existe un nexo con los valores. Las necesidades, sobre todo, cuando implican la muerte o la pérdida de derechos fundamentales, van dirigidas a algo que se considera valioso, comer, vivir, ser persona, etc., y, constituyen el contenido de valor que informa tales derechos. Entre necesidades y derechos hay una relación mediada por la existencia de una pretensión o exigencia fuerte, que en determinados casos puede traducirse en un derecho. Hay pues, una relación entre las necesidades y los derechos morales, para en un segundo momento, los derechos morales, puedan ser el fundamento de los derechos humanos.
En cualquier solución estamos implicados todos, debemos exigir una mayor responsabilidad a todos los agentes democráticos, tanto nacionales como internacionales y una respuesta eficaz ante un problema tan necesario ya.  Como creyentes, debemos entender la  necesidad de responsabilidad como justicia, ya ésta hunde sus raíces en el mismo corazón de Dios. Recordamos al profeta Amós (8, 4-8), recordaba que lo agradable a Dios no es el culto, sino la justicia. Oseas, que seguirá los pasos de Amós, insistía que  hay que conocer a Yahvé en la práctica, y esto significa eliminar del propio corazón la injusticia, la ambición, la violencia, el deseo de poder, etc. Para Isaías los valores del Mesías se concretaban en dos: la justicia y la paz. En esto insiste Jeremías, no se puede afirmar que se cree en un Dios liberador, sino se da la praxis de la justicia y la ayuda al desvalido.
En Mateo, ese Dios justo del AT, ha llegado a su revelación plena en Jesús de Nazaret. Conocer a Dios significa comportarse justamente con el hombre y defender sus derechos, sobre todo, la de aquellos que no se pueden defender a sí mismos. La acogida del Reino de Dios es acoger la justicia, la obediencia a la voluntad de Dios. Lucas consideraba a los pobres y oprimidos como los destinatarios de la justicia de Dios: “enviado para anunciar el mensaje gozoso a los desventurados, para predicar a los cautivos la libertad y a los ciegos la recuperación de la vista; para poner en libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor” (Lc  4, 18 ss). Esa realidad profética, se ha cumplido en Jesús de Nazaret, que no sólo anuncia la Buena Nueva a los pobres, él ha sido uno de ellos.
Analizada limitadamente la realizad de la pobreza, quisiera recordar a un hombre, que como Jesús de Nazaret, se ha hecho pobre entre los pobres, Pedro Casaldáliga. Nos recordaba que todo es relativo, menos Dios y el hambre. Obispo de São Felix do Araguaia   y poeta de los pobres. En uno de sus poemas, nos insiste que primero sea el pan, luego la libertad. La libertad con hambre, es una flor encima de un cadáver…

Primero sea el pan
después la libertad.
(La libertad con hambre
es una flor encima de un cadáver).

Donde hay pan,
allí está Dios.
"El arroz es un cielo",
dice el poeta de Asia.
La tierra
es un plato
gigantesco de arroz,
un pan inmenso y nuestro,
para el hambre de todos.
Dios se hace Pan, trabajo para el pobre,
dice el profeta Ghandi.

La Biblia es un menú de Pan fraterno.
Jesús es el Pan vivo.
El universo es nuestra mesa, hermanos.

Las masas tienen hambre,
y este Pan es su carne,
destrozada en la lucha,
vencedora en la muerte.

Somos familia en la fracción del pan.
Sólo al partir el pan
podrán reconocernos.
Seamos pan, hermanos.

Danos, oh Padre, el pan de cada día:
el arroz, o el maíz, o la tortilla,
el pan del Tercer Mundo

Pedro Casaldáliga, Al acecho del Reino

miércoles, 11 de febrero de 2015

Yo soy uno de ellos





Con cada uno he tenido alguna relación personal, aunque fuera indirecta. Y hoy, en plena Campaña de Manos Unidas, al repasar situaciones de hambre y de injusticia en el mundo me he identificado con personas que por la intervención de otros han tenido, al fin, algo de suerte en medio de su situación miserable.
Soy Ernesto Guerrero. Tuve la suerte de visitar hace años a pueblos mixtecas en Guerrero (México) y revisar proyectos de Manos Unidos en la zona. En Cocula financiaba entonces un Proyecto de Líderes Sociales. No pase por alto el título del Proyecto, porque no en vano fue en el basurero de Cocula donde los matones oficiales remataron y quemaron a los cuarenta estudiantes de la Escuela Rural Normal de Ayotzinapa. Estuve con padres de normalistas y pudiera ser que saludara al padre o a la madre de algunos de ellos. Y hoy recuerdo la buena suerte de Ernesto Guerrero, el único que salvó la vida. Yo soy él y los demás que fueron asesinados.
Y soy Sidi Kounta y siento su larga y dramática marcha desde el norte de Mali después de que el grupo islamista Ansar Dine asesinara a casi toda su familia. Él logró escapar y llegó un año más tarde a la valla de Melilla. Logró saltarla al tercer intento y dio por bien empleados todos los trabajos y terrores que sufrió para poder llegar y pagar el salto. Con sus treinta años trabaja en una empresa de limpieza y a pesar de sus negros recuerdos de hambre y de muerte que dejó en Mali, ha hecho las paces con la vida. Yo soy él y soy también los cientos y cientos de miles de africanas y africanos que buscan dignidad aun saltando vallas o medioahogándose en pateras.
Boniface Tradé jamás olvidará lo del 12 de enero de 2010, el terremoto. Él vivía en el barrio Carrefour de Puerto Príncipe y su casa desapareció como cientos de miles de ellas por medio país. Han sido para él y para su familia años muy duros, pero han sobrevivido a todo. Y este verano tuvo la alegría de estrenar casa nueva a través de una cooperativa de la diócesis de Puerto Príncipe financiada por Manos Unidas. Es una casa de planta baja, hermosa y nuevecita. La ha pintado de azul. Cuarenta años de vida sin levantar cabeza, pero esta casa nueva en el barrio de Delmas,  le ha hecho feliz. Y yo me siento Boniface y cuantos a través de Manos Unidas y de tantas ONGs de desarrollo humano se han encontrado con la vida.
Y soy Manuela. Esta identidad es la que menos me cuesta y pongo nombre falso por si acaso. Yo soy Manuela y estoy sola en la vida, viuda de hace años, con un hijo que desapareció sin volver la vista y con una paga pequeñita de viuda de pobre.  He vivido estos dos últimos años muy malamente, entre pobreza, desvalimiento y enfermedad y se me han abierto los cielos cuando me han concedido una plaza en una Residencia de ancianos. Me han tocado mil loterías juntas, me siento defendida y considerada y jamás comí mejor ni dormí más caliente. Soy una afortunada aun en medio de mis discapacidades que me rebajan para casi todo. Sí, efectivamente yo soy Manuela y soy miles de personas mayores acompañadas y atendidas en tantas Residencias, que no son campos de concentración, como con mal gusto y total falsedad publicaba hace unos días un periódico local. Sí, la Residencia es mi casa y yo me siento Manuela.
La oferta de acciones de Manos Unidas-Salamanca para estos dos meses, búsquela en su web, me ha llenado la conciencia de gentes pobres del mundo entero; sólo conozco el nombre y el rostro de unos pocos pero me duelen todos por igual. Y no sé cómo ni cuánto ni si a lo peor nada…, pero yo, con otros, claro, intento empujar la historia. Empuja tú también…
Cambodia © Roman Mordashev

domingo, 8 de febrero de 2015

Tras la tolerancia


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Juan Antonio Mateos Pérez    
Se ha escrito mucho estos días después de los atentados de París, de solidaridad con las víctimas, de la violencia, del fundamentalismo, de la intolerancia, etc. Pero se ha introducido en medio de la condena y casi elevándolo al mismo nivel que el derecho a la vida, la libertad de opinión y de prensa, la blasfemia. Todo un falso dilema, en el que no me he sentido cómodo, ya que los atentados se han realizado contra lo más sagrado de la persona y las sociedades, que es el derecho a la vida. Detrás de toda esta violencia está de nuevo el fundamentalismo. Éste absolutiza su propia verdad, su religión, su cultura, su sistema económico o político. Un paso más del fundamentalismo es pretender imponer su propia verdad por la fuerza. Nadie es único y absoluto, tampoco las religiones y la verdad, puede ser compartida por todos, incluso por los no creyentes y ateos. Por eso desde estas páginas queremos hacer un pequeño elogio de la tolerancia.

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La tolerancia consiste en soportad las actitudes y comportamientos de los demás aunque puedan ir contra lo que consideramos correcto o incluso verdadero. Tolerar es una virtud cívica, pero también religiosa, política, económica, epistemológica, etc., muy útil para la ciudadanía y para la convivencia de una sociedad como la nuestra tan plural y globalizada. Estamos subrayando una tolerancia activa, el derecho que todos tenemos a expresar nuestras opiniones, fe, creencias, costumbres y discrepar cuando nos parezca. Pero la tolerancia activa incluye, el animar a los otros a discrepar, si tienen buenas razones para ello. En nuestras sociedades plurales y diversas la tolerancia es necesaria, pero parece imposible de alcanzar. En el plano religioso la necesidad de tolerancia procede cuando un grupo, estima que otro está equivocado, equivocación que juzga blasfema, desastrosa y chocante.
El valor de la tolerancia va muy ligado a la modernidad, sus raíces se encuentran en Erasmo, Vives, Vitoria, Montaigne, aunque su elaboración más sistemática aparece por primera vez en Locke en su Carta sobre la tolerancia (1689), donde hace una defensa de la libertad religiosa. Casi un siglo después, en las obras de Voltaire son una lucha contra el fanatismo, aunque sus argumentos los desarrolla en su Tratado sobre la tolerancia (1763).  No es una mera disertación filosófica como Locke, la obra emana del compromiso del filósofo, para obtener la rehabilitación de un comerciante de tejidos, Jean Calas, protestante, acusado injustamente de matar a su hijo. Los jueces han querido complacer a una multitud ignorante y fanática. La tolerancia, antítesis del fanatismo es el respeto del otro en su  diferencia. Para Voltaire en su lucha contra la intolerancia, exigía emplear la ironía y el humor para poner de relieve su grotesca incoherencia. Hay que mostrar lo absurdo de los fanatismos y condenar a un castigo en este o en el otro mundo, a los que piensan de manera diferente a nosotros.
El filósofo Reyes Mate, nos propone la obra incomparable de Natán el sabio, de Lessing. Está ambientada en Jerusalén en tiempos de las cruzadas y los protagonistas son un Saladino, un sultán, Natán un sabio judío y un Templario cristiano. Quieren la paz y acabar con las controversias religiosas y la guerra. Cada una de las religiones pretenden la verdad exclusiva, pero si se plantean las cosas en términos absolutos, la guerra está servida. Natán responde con un célebre relato, la parábola de los tres anillos, que circulaba entre los judíos medievales españoles. En ella Natán propone las dos razones de la tolerancia moderna: Antes que judíos, musulmanes o cristianos, todos somos hombres, y que nadie posee la verdad en exclusiva. Es propio del hombre y también del hombre religioso buscar la verdad, pero no poseerla. En algún sentido, todas las religiones son verdaderas. Una religión será más verdadera, cuanto más se comprometa con los derechos humanos, no es el único criterio de verdad, pero es uno de los más esenciales. Si Dios ama al hombre y lo quiere rehabilitar para elevarlo hasta su miso ser, es bueno empezar por su dignidad en la tierra.
Queríamos subrayar otra vía de la tolerancia, nos la proponía Mahatma Gandhi. No le gustaba la palabra, pero no encontraba otra mejor. Recordemos su lucha desde la no violencia, que nos enseñaba a respetar la fe del otro y la nuestra, reconociendo nuestras limitaciones. La búsqueda de la verdad, Gandhi la relacionaba con la ley del amor. Verdad y no violencia, son como las dos caras de la misma moneda, aunque la no violencia y el amor son el medio, la verdad es la meta. La verdad reside en el corazón y allí es donde hay que buscarla,   no podemos obligar a los demás a actuar según nuestra manera de ver la verdad. Tras la estela del profeta de la no violencia se deslizó Martin Luther King, en su obra la fuerza de amar, decía que según ahondaba en el pensamiento de Gandhi, más convencido estaba de la fuerza del amor, llegando a entender en su profundidad el sentido cristiano del amor. Recordar también en los años ochenta a Lech Walesa, cuando presidía el sindicato Solidaridad, cuando decía: Sólo nos oponemos a la violencia negándonos a emplearla…No tenemos más armas que la verdad y la fe. En Filipinas, América Latina, Sudáfrica, han demostrado la pervivencia y la eficacia del legado de Gandhi.
Los maestros de la sospecha nos han enseñado que a veces nuestras creencias se pueden camuflar con otros intereses económicos, personales, de poder, que no liberan al hombre de sus ataduras. No podemos organizar el mundo sin Dios, pues sin Dios, el único final es la nada. Debemos tener valentía para abrirnos a la razón, pero la misma para reconocer la dimensión religiosa del hombre. Pero, no podemos organizar un mundo en contra del ser humano, la muerte de Dios anunciada, tampoco ha puesto al hombre en el centro de la existencia. El no tolerante rechaza las fatigas de la duda y el ejercicio de la razón crítica y reniega de la contingencia histórica.
Tal vez, las caricaturas también nos enseñen el otro lado de las cosas y los posos poco tolerantes que aun conservamos. Más allá de la regla de oro kantiana, no quieras para los demás lo que no quieras para ti, está el amor a los enemigos, la economía del don y lógica de la sobreabundancia. Pero a vosotros que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odien, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian… (Lc 6, 27 – 29)

Desconfía de aquellos que te enseñan
listas de nombres, números y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.
No aprendas sólo cosas, piensa en ellas,
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:
vive en un mundo cóncavo y vacío,
juzga cómo sería una selva quemada,
detén el oleaje de las rompientes,
tiñe de rojo el mar,
sigue unas paralelas hasta que te devuelvan
el punto de partida,
haz aullar a un desierto,
familiarízate con la locura
Después sal a la calle y observa,
es la mejor escuela de tu vida.

jueves, 5 de febrero de 2015

Lo del hambre



SalamancaRTV al Día
Lo del hambre es insoportable. Lo fue siempre. En estos días el tema se me mete en las carnes de la mano de Manos Unidas aunque es un espanto que dura el año entero. Se me van los ojos, y las manos, por medio mundo y repaso el hambre de derechos y de casi todo de los mixtecas del estado de Guerrero, la desesperada estampida que un día sí y otro casi tiene lugar en las vallas de Melilla o en las costas de Sicilia, el hambre jamás saciada –pan, agua, tierra, paz, libertad…- de millones y millones de desplazados por cientos de campos de refugiados, el hambre sin escuela y sin  pozo, sin hospital y sin dignidad de millones de personas malrepartidas, malnacidas, maldi(t)chas y malentendidas, malnutridas y malheridas, maltratadas y malvendidas… por medio mundo. Y así una lista interminable, impía y vergonzosa.
Ni siquiera es de buen gusto hablar de ella. Es el mal gusto, por amargo y reivindicativo, de organizaciones como Manos Unidas que hablan de ella y nos la recuerdan. Y recuerdan que tiene solución y que mientras tanto hay medidas concretas que aceleran esa solución definitiva, mal que nos pese y aunque las neguemos para poder mirar para otro lado con la mala conciencia tranquila.
¡Qué crueldad la del hambre!.  No puedo no recordar lo de Miguel Hernández, en la cuna del hambre mi niño estaba, uno de los versos más amargos que conozco. No sé si fue antes o después, pero él mismo, en El hombre acecha, declara: aquí estoy, aquí estamos (para reclamar el pan justo para el hambre del pobre). Y con mucha humildad y respeto me atrevo a decir lo mismo: Aquí estamos. Y quizás tengamos que confesar con Pablo Neruda en Manos del Día, aunque sea porque el Pisuerga pasa por Valladolid, que Me declaro culpable de no haber hecho, con estas manos que me dieron, una escoba. Y al mirarnos las manos quizás también nosotros veamos que no hemos hecho, efectivamente, ni una escoba. ¿Y si unimos las manos y nos dedicamos a hacer escobas?.
En medio de esta quiebra caben acciones e indignaciones, proyectos y ayunos, informaciones y cambios sociales… Y, sin olvidar las escobas, muchas cosas que barrer y otras tantas que hacer. Y hasta son casi de obligada participación para el ciudadano preocupado por las cosas de humanidad. Por ahí van las iniciativas e intervenciones de Manos Unidas, como los de otras organizaciones que trabajan en ese campo, y que se concentran especialmente en este mes de febrero.
Van a cumplirse pronto mis cincuenta años (¡cincuenta años!) de trabajo como voluntario de Manos Unidas y de socio de otras organizaciones similares. En este tiempo he aprendido, he crecido, me he indignado, me he convertido (muy poco), me he apasionado y he descubierto que se puede empujar un poco la historia del hambre y del pan y, como aquel chaval de los cinco panes de cebada en el evangelio de Juan, cada uno tiene resortes suficientes –tiempo, participación, presencia, voz, sentimientos, dinero, cinco panes, valores y virtudes… - para echar una mano y empujar el carro de la justicia, del desarrollo y de la dignidad para todos, especialmente para la tercera parte de la humanidad que pide pan y reclama justicia. No veo escapatoria.