jueves, 9 de abril de 2015

Cristianos del Viernes Santo





¡FELIZ PASCUA DE RESURECCIÓN!, durante esta semana, octava de Pascua, se sigue celebrando la resurrección, la vida en su plenitud, aunque durante toda la semana anterior se venido  utilizado el lenguaje de la muerte y la cruz. Muchos cristianos materializaron de forma trágica, la muerte y el dolor del Viernes Santo, como 140 estudiantes cristianos de la Universidad de Garissa (Kenia) asesinados. El atentado ha sido realizado por grupo terrorista islámico Al Shabab, mientras que el grupo de estudiantes estaban realizando la oración de la mañana.
Muchos cristianos son asesinados en muchas partes del mundo, con nuestro silencio cómplice, como afirmaba críticamente el papa Francisco. No sólo Kenia, Níger, Irak, Siria, Pakistán, Egipto y otros lugares casi olvidados por la comunidad internacional. Una persecución no casual, está organizada y premeditada, "Para nosotros va a ser como unas vacaciones de Pascua", gritaban los yihadistas burlándose de las víctimas antes de abrir fuego. En Irak el Estado Islámico les ha dado un ultimátum, “convertíos o morir”. No hay familia cristiana, en muchos de estos lugares, que no cuente con algún mártir. Son asesinados unos 160.000 cristianos al año debido a sus creencias, donde la persecución, asesinato y la intimidación están entrelazados en muchos lugares.
El fraile dominico P. James Channan, Director del “Centro de la Paz” en Lahore (Pakistán), realizó las siguientes declaraciones en noviembre pasado: Una turba de unos 100 musulmanes que quemaron vivos a los jóvenes esposos cristianos Shama Bibi (28) -que estaba embarazada y que fue golpeada- y Shahzad Masih (32), a quienes empujaron a un horno donde se cuecen ladrillos. Este matrimonio tenía dos hijos y dos hijas, el mayor de ellos tenía siete años.
El cristianismo es la religión más perseguida del planeta, según informes de la ONG “Ayuda a la iglesia que sufre” En el siglo XX ha habido más mártires que en los diecinueve siglos anteriores, tomados juntamente. La libertad religiosa, aun cuando es un derecho fundamental de todo ser humano, se sigue sin respetar. El artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es necesario recordarlo aunque sea conocido: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.
Foto: ONG "Ayuda a la Iglesia Necesitada"
Me vienen a la mente las palabras de Monseñor Romero, con motivo de la concesión del premio Nobel, también mártir y cercana su beatificación, sus palabras brillan con más fuerza:
“Entre nosotros siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel: los hay que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; que amontonan violencia y despojo en sus palacios; que aplastan a los pobres... acostados en camas del mármol más fino”.
Pero por otro lado, en mi cabeza resuenan las las reflexiones del sociólogo Zygmunt Bauman, cuando nos habla de la ética de esta sociedad líquida que estamos inmersos. No quisiera desvirtuar sus palabras cuando afirma, que el mal no se limita a la guerra, a la violencia, a las masacres que estamos presenciando. El mal se revela en la vida cotidiana, en la insensibilidad al sufrimiento de los demás, en la incapacidad o el rechazo a comprenderlos y en el eventual desplazamiento de la propia mirada ética. Ya nos recordaba Hannah Arendt, esa banalidad del mal, éste, no se esconde en las grandes mentes criminales, sino en la estructura insignificante de cualquier ciudadano, tal vez padre o madre de familia y aparentemente normal.
Siguiendo con Bauman, tenemos un entumecimiento moral, una fuerte indiferencia a lo que pasa en el mundo. Para unos, los medios de comunicación, están centrados en las guerras de audiencias y los ingresos en taquillas; para la gente de la calle, en las últimas tendencias tecnológicas o en las diferentes formas de cotilleos y críticas al prójimo. En una sociedad apresurada y egoísta, rara vez se busca lo esencial, sólo alguna noticia sensacionalista o algún personaje que destaque en este mundo mediático o cualquier otra banalidad, sea la televisión, el futbol o internet. Vivimos una era líquida de sensacionalismo barato y exhibicionismo, de precariedad de los vínculos humanos, de individualismo, marcada por el carácter volátil de las relaciones humanas.
Quisiera volver a reivindicar la “no-violencia” con Martin Luther King, esa valerosa confrontación de la maldad por el poder del amor, en la creencia que es mejor ser el recipiente de la violencia que su infringidor, es una fuerza espiritualmente muy activa, que no pretende humillar, sino despertar en el violento su vergüenza moral y hacer posible la reconciliación y no caer en lo más bajo del resentimiento.
Las lágrimas de los mártires valen más que cien explicaciones filosóficas o teológicas, pero como seres pensantes que podemos transcender nuestras realidades, debemos de buscar sentidos en esta vida a los males y sufrimientos más indignos, y compaginarlo con nuestra fe en un Dios que es amor y misericordia, aunque a veces, nos sintamos atrapados en paradojas sin salida:

”¿Quién creyó nuestro anuncio?
¿A quién se reveló el brazo del Señor?
Creció en su presencia como brote,
como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza.
Lo vimos sin aspecto atrayente,
despreciado y evitado de los hombres,
como un hombre de dolores acostumbrado a sufrimientos,
ante el cual se ocultan los rostros,
despreciado y desestimado.
Él soportó nuestro sufrimientos
y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo estimamos leproso,
herido de Dios y humillado;
pero él fue traspasado por nuestras rebeliones,
triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable cayó sobre él,
sus cicatrices nos curaron”
                                                  Is. 53, 1 – 5 (Cuarto Cántico del siervo)
Foto: ONG "Ayuda a la Iglesia Necesitada"

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