sábado, 16 de mayo de 2015

A vueltas con lo religioso



Vivimos en un mundo secularizado que parece querer desacralizar la sociedad, reducir lo religioso a lo privado, y presentar un mundo completamente racional y tecnificado. La ilustración promovió una fe en el progreso, en la libertad, en la igualdad y la fraternidad de todos los seres humanos. Parece que hemos avanzado mucho en libertad, no tanto en igualdad y queda pendiente la fraternidad. Más de doscientos años después nos damos cuenta que los ideales de la modernidad no han llegado a su culminación y han quedado inconclusos en lo fundamental.
Hoy parece que lo religioso pierde competencia en la esfera de la ciudad secular, pero a su vez, se experimenta como un retorno de lo sagrado. Este coincide con una disolución de los grandes sistemas que acompañaron a la ciencia y la técnica, así como a la organización social del mundo moderno. Los pensadores lo denominan la disolución los grandes relatos o metarrelados del mundo. Ahora la modernidad tardía, un tanto cansada de ideología, se vuelve hacia lo religioso, ya que no parece haber razones filosóficas fuertes para rechazarlo. En el pensamiento se ha dado lo que se ha llamado un “giro narrativo”, que rescata la poesía, la narración, el mito y la religión.
Pero dejamos el pensamiento para otros artículos, ahora quisiéramos constatar el fenómeno social. Parece que en Europa, no en otros lugares del mundo que está creciendo, se percibe un importante descenso numérico en las iglesias cristianas por este fenómeno de la secularización. Ese vacío que deja el cristianismo es ocupado por una serie de espiritualidades difusas, incluso hay un retorno al paganismo, entendido como formas primitivas y regresivas de lo religioso.
Algunas son espiritualidades de la naturaleza, se vuelven a celebrar con fuerza los solsticios de san Juan o de invierno, las fiestas de la primavera, las marzas o las mayas, etc. Pero también proliferan numerosos movimientos religiosos y sectas, Haré Krishna, Edelweiss, Secta del Amor Libre, Nuevo Amanecer, Comunidad, Nueva Acrópolis,  Misión de la Luz Divina, Iglesia de la Unificación de Moon, Ceis, y otras. Incluso se constata una preocupación por lo demoniaco, lo satánico, lo apocalíptico y cultos cósmicos. Todo este fenómeno se conoce como la New Age, de claros tintes panteístas, ya que se presenta una divinidad fuertemente identificada con el mundo. Estas religiosidades incorporan toda una serie de elementos, como la adivinación y el tarot, medicinas naturales, terapias alternativas o espiritualidades de origen oriental. Toda una espiritualidad ecléctica, donde muchas personas con poca fe, han ido transfiriendo sus anhelos de trascendencia.
Tal vez vivamos en una época donde prolifera una “religiosidad sin Dios”, no sólo por estos movimientos espirituales difusos, también en nuestras sociedades del hiperconsumo, vivimos realidades fuertemente sacralizadas como el dinero, el poder, la violencia, las estrellas del celuloide o del futbol, la ciencia, la técnica o la pura ideología. Hoy todo parece decir, religión sí, Dios no.
Ante esa realidad constatable, me viene a la cabeza aquellas palabras de Ernesto Sábato que parece que le comentó Cioran: Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad de Absoluto, que sobrevivirá a la destrucción de los templos, así como también a la desaparición de la religión sobre la tierra.
Eran días del ángel.
Las leyendas brotaban en las noches de agosto
y la tierra tenía el tamaño del mito.
Habitaban los dioses la extensión de las cosas
y todo era sagrado.
Y todo era sagrado.
El pan se compartía, rumor de la pobreza,
comunión con la tierra, con la vida y sus frutos,
recitábamos juntos las salmodias benéficas
y todo era sagrado.
Y todo era sagrado.
Conventino. Granito. Anunciación del mundo.
Castaños. Paredones. Casetinas. Espacios
que albergaban el ritmo de las horas sin límites
y todo era sagrado.
Y todo era sagrado.

José Luis Puerto, “Estela de lo sagrado”, Estelas.


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